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martes, 22 de diciembre de 2009

EL PRECIO DE LA VERDAD

La película nos presenta al joven Stephen Glass, interpretado por Hayden Christensen, que trabaja en la revista The New Republic. El protagonista de la historia es el reportero más joven de dicha revista y su meta en la vida es sentirse útil y valorado por su trabajo, ello le lleva a estar siempre intentando agradar a todos sus compañeros, como se ve en la escena en la que le guarda una Coca-Cola dentro de la nevera a su compañera, a estar constantemente disculpándose por todo y al final a realizar falsos reportajes.


Pero ¿por qué hace esto? Stephen buscaba una valoración y una utilidad, pero por encima de todo buscaba el éxito, el triunfo y al principio de la película parece que lo ha conseguido, vuelve a su clase de periodismo, donde él se formó, pero esta vez esta en clase como el ejemplo a seguir de un gran periodista que ha trabajado con los mejores. El problema del protagonista es que quiere precisamente eso, el éxito, no le interesa ser un buen periodista, él solo quiere que la gente le vea como si lo fuese y eso es lo que le lleva a falsear sus reportajes. El hecho de no tener nunca una historia interesante para escribir o que pudiese interesar a su jefe es lo que le movió a realizar esos montajes. Hay que reconocer que tuvo su cierto mérito, porque engañó a sus compañeros y a los lectores durante mucho tiempo, el problema es que estas cosas acaban saliendo a la luz algún día y ese día llegó con el reportaje "Hack Heaven", una historia que de haber sido cierta hubiese sido increíble. El calvario de este pobre hombre empezó cuando una revista digital quiso hacerse eco de esta noticia y empezó a comprobar las fuentes, poco a poco fueron desvelando la enrevesada red de mentiras que había publicado Glass. Como es lógico este hombre no volvió a escribir para esa revista.


Dicen que si nunca abandonas, nunca pierdes, más le hubiese valido aplicarse esto al protagonista, puede que ser uno más del montón no le pareciese la mejor opción, pero creo que destacar de la forma que lo hizo tampoco lo es.